La semana pasada se dio la noticia económica más importante del año para Colombia. Después de casi 6 años, el presidente Juan Manuel Santos y su equipo reanimaron las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) a comienzos de 2011 y le dieron el impulso adecuado para su aprobación. Este proceso trajo una larga espera desde que se entregaron los primeros textos a los Estados Unidos, además se interrumpieron las negociaciones por la crisis internacional y hubo decaimientos y largos silencios en la transición del gobierno local.
Sin embargo, este no ha sido un éxito solo de la administración Santos, sino del gobierno anterior que desde 2004, cuando se realizó la primera ronda de negociación, trabajó arduamente para lograr el mejor acuerdo que en su conjunto genere, según diferentes estudios, cerca de un punto porcentual del Producto Interno Bruto (PIB) a través de un mayor volumen en las exportaciones, mejora en la competitividad y aumento en el influjo de dólares de inversión extranjera.
Hoy el TLC llega en el mejor momento para las dos naciones, lo ideal hubiera sido que se aprobara en los Estados Unidos en 2007, después del aval del Congreso de Colombia, pero al final esto nos favoreció. Nadie podía pronosticar la crisis financiera, pero sí la certeza del mayor impacto para el país de un TLC en este escenario. Entre los principales factores encontraríamos la restricción del crédito, el deterioro de la liquidez y el proteccionismo temporal de la industria local en los Estados Unidos.
En el contexto actual, a pesar del creciente proteccionismo de los Estados Unidos, el TLC puede ayudar a disminuir la abultada cifra de desempleo de los Estados Unidos (9.1% en septiembre), vía un mayor comercio internacional, al sacar provecho de la debilidad del dólar en el mundo. En el caso de Colombia, aunque las exportaciones y la inversión extranjera marchan bien pueden mejorar.
En particular, el tratado es una oportunidad para acelerar a fondo en las obras de infraestructura necesarias para ser competitivos. Según el índice de competitividad del Foro Económico Mundial (FEM), Colombia se ubica entre 142 países, en el puesto 109 en puertos, 108 en carreteras, 89 en transporte aéreo y 75 en infraestructura. Por otra parte, la firma del TLC era una necesidad para igualarnos con algunos competidores que ya contaban con convenios y a la vez, para que países que no tienen acuerdos con los Estados Unidos, como Brasil, vean oportunidades a través de Colombia.
No obstante, la aprobación del TLC no tendrá efectos positivos inmediatos en la economía. Este por el contrario podría traer efectos desfavorables en los primeros años mientras que las industrias se ajustan y posiblemente hasta 2014 ó 2015 tendrán una marcha un poco más clara del comercio. Además, aunque existen ciertos análisis que anticipan un mayor riesgo para algunos sectores, es imposible vaticinar la magnitud del impacto porque la economía y las condiciones cambian en el tiempo.
Habrá ganadores y perdedores pero hoy no existe plena evidencia de cuales serán. Según un estudio de Araújo Ibarra & Asociados S.A. tienen mayor opción desde Colombia productos como la carne bovina, las grasas vegetales o animales, el azúcar, los chocolates, las galletas, plástico y caucho, metales preciosos, instrumentos musicales, maderas, pulpa, papel, artes graficas , entre otros. Desde los Estados Unidos se espera que lleguen carros, pollo, maíz amarillo y blanco, carne de res y curiosamente, café.
A pesar de los tropiezos y las demoras el TLC llegó para quedarse y generar mayor crecimiento en la economía. Lo anterior exige un compromiso del gobierno para trabajar en una buena implementación, de los empresarios para encontrar nuevas oportunidades y de todos los colombianos para que pensemos en grande.
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